PASAJEROS A LAS INDIAS


JUAN DE CEDILLO


Solicitud de licencia, cursada en 1607, para viajar a Nueva España, invitado por Francisco Vargueño, un primo suyo, también de Bargas, que era rico y se había establecido allí, en su escrito manifiesta que quiere así remediar su mal, que es la pobreza.
Viajó a Nueva España, el día 27 de enero de 1608. En la flota, de Nueva España, al cargo el General Armendáriz y naos de su conserva.
Junto a Juan Cedillo, viajaron también otras personas a su cargo.
Catalina Alonso, su mujer.
Francisco de Cedillo, su hermano.
Y sus hijos.

Otros pasajeros bargueños en ese mismo pasaje,
Alonso de Almazán
Francisca de Toledo
Alonso Martínez
Ana de Guzmán
Eugenio Martínez










JUAN GUTIÉRREZ
Catálogo de Contratación de las Indias.
Juan Gutiérrez, natural de Bargas, hijo de Gutiérrez de Rueda, pasó a las Indias en la Armada de los alemananes a Venezuela. Con la papeleta número 4999, en la página 354.
Embarcó el 10 de octubre de 1534 en la famosa expedición de Jorge Espira, (conquistador, explorador y gobernante colonial) que trás muchos contratiempos, pudo zarpar de Sanlúcar de Barrameda en Cádiz, el 8 de diciembre de 1534 y llegaría a Coro en Venezuela el 6 de febrero de 1535.
Juan Gutiérrez, seguiría en la expedición, partiendo después el 13 de mayo de Coro, en busca del "Dorado".





MÓNICO GARCIA DE LA PARRA

Mónico G. de la Parra y Téllez


Nació en Bargas (Toledo), el 5 de mayo de 1887; cursó los estudios de Solfeo, Piano, Armonía, Composición y Órgano, en el Conservatorio Nacional, bajo la
dirección de los ilustres maestros G. de la Parra (su hermano, Benito), Manuel Grajal, Ariz, Fontanilla, Bretón y Gabiola.
Cuando apenas contaba diecinueve años, fue nombrado
director del Orfeón"Eco de Madrid". En el año 1911,
obtuvo los primeros premios en Piano y Armonía.
Durante el año de 1912, dirigió la Orquesta en el teatro Avenida, de Coimbra (Portugal).
En los últimos días del año 1912, hizo oposiciones en Santoña.
La plaza de Músico Mayor del Regimiento de guarnición en dicha ciudad, obteniendo el número dos entre veinte opositores.
Director de la Banda Municipal de Vigo, se presentó a las oposiciones anunciadas, siendo elegido por unanimidad, por un Jurado que presidia el ilustre y
llorado Maestro Soutullo, entre varios opositores de gran valía.
Como armonista y compositor, goza de una merecida fama, contando, entre sus numerosas obras, religiosas y profanas, algunas de mérito extraordinario, como el "O Salutaris", la Misa a tres voces en Re Mayor y cuatro rapsodias para Banda de Aires Regionales Celtas.
Su labor como pedagogo didáctico musical, es algo que sobrepasa de lo corriente, pues se cuentan por centenares los alumnos, de ambos sexos, que
han seguido sus estudios con él, revalidando sus conocimientos artísticos en el Conservatorio Nacional, y algunos obteniendo los primeros premios, y desempeñando cargos de importancia artística.
Ha formado y presidido Jurados en varios certámenes de Orfeones y Bandas, siendo elogiada su ecuánime e inteligente actuación grandes son sus méritos como artista músico, aún mayores son como hombre humanitario, pues él solo por altruismo, creó y educó un conjunto instrumental de niños recogidos del arroyo, que hoy, en su mayor parte, viven de la música desempeñando
puestos, algunos músicos de primera, en distintas Bandas militares y civiles. También organizó constantemente, festivales benéficos; y a él se debe la creación del Montepío de los Profesores de Orquesta de Vigo.
Al frente de la Banda Municipal viguesa, realizó una labor de divulgación del arte músico español muy importante y provechosa habiendo formado un archivo de más de mil obras, transcritas para la banda, de
los grandes genios. 


Época Director Banda de Vigo. 

Una de sus muchas famosas
 marchas


Victoria Gómez Martín Abad

HIGINIO LIBRADO RETANA

HIGINIO LIBRADO RETANA
EL ÚLTIMO TELAR ARTESANO DE TOLEDO


Nacido y enterrado en Toledo, Higinio Librado Retana tenía ascendencia vasca, de Vitoria, de donde llegó a Toledo su padre, Eduardo.
Ambos trabajaron en el telar propio, que se extinguió al comienzo de la guerra civil porque, ya solo Higinio al frente de la pequeña industria, con su mujer y sus hijos tuvo que abandonar la casa en la que el taller estaba instalado, situado al final de la cuesta de San Justo.
En el telar se confeccionaban galones, agremanes y cintas, tejidos con hilo de algodón de Barcelona, hojuela procedente de Alemania y, en los últimos años, seda de Valencia.
El producto elaborado tenía como destino principal Madrid.
Higinio se casó con Catalina Díaz, nacida en la próxima localidad de Bargas, a la que conoció siendo soldado.
Ella ayudó en todo al marido, atendiendo el hogar y echando una mano en el telar; además todavía sacaba tiempo para trabajar a domicilio como peinadora de alguna escogida clientela.
El buen humor de la esposa se identificaba con el del cónyuge, ambos esperando gozosos fechas señaladamente festivas como las de los carnavales, en los que participaban correteando por calles y plazas disfrazados ingeniosamente. Su economía doméstica, si no boyante, sí era lo suficientemente holgada posible para satisfacer a sus hijos Elisa, Antonio, Carmelo y Carmen caprichos inalcanzables para otras familias como fueron la compra de un burrito y más de una vez un cordero para que jugaran sus niños, que éstos hacían alborozadamente ante las felices miradas de los padres.
Largas horas de la jornada le ocuparon sus labores al último tejedor de Toledo, ello aprovechando la luz natural, temporadas inciertas de una bombilla y si se suspendía el servicio eléctrico, circunstancia nada excepcional, recurría a la más segura, que era la producida por carburo dentro de un bote arreglado y adaptado por el hábil y afanoso artesano. Hasta artesanos eran algunos términos hablados empleados por él para designar varias piezas de su equipo; así, a Higinio se le oía decir «caña», que aplicaba al carrete en que se enrollaban hilos de alpaca, de algodón o seda, acaso corrupción de un tecnicismo industrial.
Artesana fue su pericia en reponer o corregir algún elemento de los que estaba formado el telar; muy diestra y pacientemente manejaba limas para hacer o perfilar las roscas de los tornillos, éstos de madera como lo era la materia de la mayor parte de los componentes de su rudimentaria maquinaria.
Ruedas de nogal, cojinetes, ejes de levas y sus contrapesos, pedales para mover sin descanso por el pie del operario, rodillos, alambres verticales para guiar la urdimbre y la trama, se encajan en el alto y ancho bastidor conservado.
Aún puede verse funcionar este artilugio en una estancia que, en la calle de las Recogidas, confluyente con la cuesta de San Justo, guarda con devoción filial el último superviviente de
los Librado, el hijo llamado Carmelo.
Un acompasado trasteo se deja oír, si se maneja el pedal, en el ámbito donde permanece este antiguo telar y también las devanaderas para enlazar el hilo de las madejas a los tirantes de la máquina de tejer.
Al final se halla otro tipo también llamado devanadera, pero que, al revés, enrollaba las cintas hechas, dispuestas para el empaquetado y posterior envío al cliente.
Higinio era un artesano que daba gran valor a sus procedimientos personales, por lo que curiosamente llamaba la atención verle humedecer sus dedos en la boca y con ellos hacer pasar los hilos con mejor adherencia por las restantes canillas.
Carmelo, el hijo, heredero de la laboriosidad de su padre, tiene reunido un interesante museo, en el que el antiguo telar de la familia ha añadido un amplio conjunto de pequeñas armas blancas, cuchillería y herrajes salidos de multiplicidad de plantillas; hay también en el museo una pequeña fragua, una mufla, un torno y moldes para recoger productos de fundición. Todo esto ha sido creado y acondicionado por las expertas manos de este inteligente sucesor. Abundan asimismo en esta folklórica colección gran variedad de pasados objetos hogareños, como son cofres, antiguas cajas de madera guardadoras de adornos de mujer, antaño las cajas metálicas de marcas de conservas, peinetas, alfileres y un sinfín de útiles que llaman la atención. Se reúnen igualmente carteles, prospectos y testimonios escritos pertenecientes a épocas fenecidas, muy informativos. Debe verse este pequeño museo, aunque haya que esforzarse subiendo la empinada cuesta de San Justo, próxima a él.
María Victoria Gómez Martín Abad

MANUEL BALANZAT DE LOS SANTOS

MANUEL BALANZAT DE LOS SANTOS
Un importante matemático bargueño español.


Catedrático en Matemáticas y Ciencias exactas.
Murió en Argentina a la edad de 82 años.
“Nace en Bargas (Toledo) el 31 de marzo de 1912. Cursa los estudios primarios, secundarios y universitarios de Ciencias Exactas en Madrid, finalizados los cuales, entre octubre de 1934 y junio de 1936, consigue una beca de la JAE para estudiar teoría de conjuntos y funciones reales en la Universidad de París, bajo la dirección del profesor Denjoy.
Poco tiempo después, tras su regreso a España, estalla la Guerra Civil y combate en las filas del ejército republicano como oficial de artillería y oficial de Estado Mayor. Finalizada la contienda, y tras un corto periodo de exilio en París, recibe una llamada desde Argentina del profesor español Julio Rey Pastor, quien, sabiendo de su valía, no duda en correr personalmente con los gastos de desplazamiento y de encontrarle acomodo como profesor en el Instituto de Matemática de Buenos Aires, que Rey Pastor dirigía.
Tras su paso por dicho Instituto, se traslada a San Luis para colaborar con el profesor argentino Fausto Ismael Toranzos en la puesta en marcha del primer instituto universitario de esta ciudad, origen de lo que más tarde fue Escuela Matemática de San Luis. Balanzat estuvo en San Luis desde 1940 hasta 1947, y desde 1949 hasta 1955. Entre medias fue attaché de recherches del Centre National de la Recherche Scientifique de París, formando parte del grupo de investigadores en análisis general que dirigía el profesor Fréchet. Durante su desempeño en San Luis, Balanzat impartió diversos cursos de álgebra, geografía analítica, topología general, funciones reales y matemáticas especiales, además de las cátedras de análisis matemático y de fundamentación de las matemáticas. Fue director del Instituto de Matemática de la Facultad de Ciencias de San Luis, periodo en el que publicó trabajos de investigación en geometría integral y en topología general.
En agosto de 1955 Balanzat se traslada a Bariloche donde contribuye a fundar el Instituto de Física San Carlos de Bariloche (en la actualidad Instituto Balseiro), permaneciendo en él cinco años. En dicho Instituto organizó y dirigió la sección de matemáticas a nivel superior. En 1960 acepta una invitación de la Universidad Central de Venezuela y deja Bariloche para fijar su residencia en Caracas, en cuya universidad imparte cursos de análisis matemático, teoría de las distribuciones y análisis funcional. En 1962 es nombrado profesor de la Universidad de Clermont Ferrand, en Francia, en la que estuvo hasta 1966.
Transcurridos esos seis años de ausencia, Balanzat regresa definitivamente a Argentina para tomar posesión de la cátedra de Análisis Matemático de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires. En 1977 es nombrado profesor emérito, pasando a la situación de retiro en 1986. Balanzat fue, hasta 1994, año de su fallecimiento, en Buenos Aires, miembro honorario de la Unión Matemática Argentina y titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Argentina" .
Victoria Gómez Martín Abad

¿ Bargas, Colonia Judía ?

¿ Bargas, Colonia Judía ?

A pocos kilómetros de la Imperial Ciudad existe un pueblo que se singulariza por su modo de ser, de los demás que le rodean, y cuyos habitantes son objeto de la mayor atención e interés no sólo por parte de los turistas, sino hasta por los mismos toledanos, no obstante hallarse en continua relación con aquél.
Es bien extraño que dicho público no haya tenido un cronista que se ocupara de escudriñar cuanto se relaciona con su origen y desenvolvimiento.
Lo Poco que se ha escrito acerca del puehlo de Bargas, que es al que nos referimos, no ha salido de los límites de artículos de fantasía, descripción de la fiesta religiosa que se celebra en los últimos días de septiembre y alguno que otro cuadro en su aspecto pintoresco.
Nada de cuanto atañe a su historia, en lo que esta rama del saber significa, exponiendo las vicisitudes de su vida en su doble faceta interna y externa.
Por lo pronto, sólo podemos contar, como elemento para enjuiciar el asunto, que la simple observación y las hipótesis; no entendiendo por éstas el supuesto que se apoya en la fantasía, a veces, y, en ocasiones, en el sofisma, sino el que descansa en buena lógica; la hipótesis que surge por natural inducción, después de examinados serenamente los hechos.
La supervivencia de la tradición plasmada en sus hábitos, costumbres, modismos, indumentaria y otros pormenores que atañen a su estado social, y las características que distingue a este pueblo de los demás de la provincia; y acrecienta, al propio tiempo, el afán de cuantos dedican sus estudios a la ciencia sociológica y cultivan el folklore.
De momento llaman la atención del observador los rasgos fisonómicos del tipo bargueño, que estimulan a aventurar la afirmación de que se trata de un pueblo de origen semita: sus ojos negros, rasgados, propiamente orientales, velados por largas pestañas, que guardan ritmo con caras redondas, de color trigueño;la mujer, además, se distingue por su garbo y pudor arisco, grada en el lenguaje, dulzura y cierto asomo de fiereza cual los hijos del desierto; cubren su cabeza con la falda que llaman cobijo, a modo de alquicel, asomando un triángulo de su cara, como acostumbran los moros y judíos.
Su traje es verdaderamente típico; no es necesario describirlo, pues lo tenemos a la vista en las muchas sirvientes que residen en nuestra ciudad, y son la mejor prueba de que en ellas perdura la tradición de su linaje; pues a pesar del continuo trato y roce que mantienen con sus compañeras de profesión, que son de Toledo o de otros puntos, no se han contaminado con los atavíos que hoy luce la grey doméstica, declarando aquéllas que son criadas y no quieren se las confunda con las señoritas; ante todo, dicen, son bargueñas.
En cuanto a su carácter industrial y mercantil, se observa también una gran semejanza con la raza hebrea. Es gente muy experta en el arte de comprar y vender; trafican en todo: son ladinos, zalameros y con su especial gracejo y artificioso agrado saben captarse la voluntad de los compradores; aunque en su honor hay que subrayar que son muy laboriosos.
Mientras los hombres se dedican a las labores del rampo y oficios análogos, sus mujeres vienen a Toledo y pueblos próximos con los objetos del tráfico, desafiando las inclemencias del tiempo, y con gran presteza recorren los nueve kilómetros que les separa de la capital.
Por regla general, en sus cruzamientos no se registran elementos extraños; así se explica la perpetuidad de la tradición, conservando los rasgos y caracteres de la raza, digámoslo así.
Viven tan apegados a su terruño, que prefieren la estrechez de sus viviendas a la holgura que les brindan importantes lugares y villas de la provincia.
¿Qué se pretende, en vista de las anteriores consideraciones, afirmar que el pueblo de Bargas desciende de una colonia judía?
Hasta ahora no disponemos de otros elementos de juicio, que los ya expuestos más arriba. La arqueología y etnología podrían orientarnos hacia una solución verdadera.
La investigación detenida de las viviendas, a mpliada por los alrededores, pudiera ilustrarnos mucho, si tuviesemos la suerte de hallar vestigios arqueológicos.
En el Museo provincial existe una lápida sepulcral hebrea, procedente del lugar denominado dehesa de Darrayel, que dista poco del término de Bargas; este objeto arqueológico es buen indicio, y bien pudiera ser el primer jalón en el camino de nuestras investigaciones.
Tal vez, los archivos parroquial y del Ayuntamiento puedan facilitarnos también datos de algún interés.
Hasta el presente no tenemos fuentes seguras de conocimiento acerca del problema que pretendemos resolver, el cual encierra varias incógnitas.
¿De dónde proviene el nombre del pueblo? ¿Pudiera provenir del nombre del sei\or de quien sería feudatario? ¿Qué antigiledild cuenta tal núcleo de población?
¿Podrá tener su origen como consecuencia del decreto de expulsión, acogiéndose, en calidad de converso, al privilegio de indemnidad formando un núcleo de población?
La meritísima obra de mi inolvidable maestro, D. José Amador de los Rios, titulada .Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal, se ocupa en uno de sus apéndices del «repartimiento hecho a los judíos por Habhi Jacob Núñez, juez mayor de los judíos y físico del Rey
D. Enrique IV, de los servicios que las aljamas de sus reinos y señoríos han de dar a su señoría, en el afio 1464»: en tal repartimiento figuran una porción de pueblos de esta provincia, como Gálvez, Torrijos, Puebla de Montalbán, Escalona, Torre de Esteban Hambrán, Maqueda, Santa Olalla, Camarena, IlIescas,etc., y no aparece Bargas.
¿Es que no existía o estaba exento de tributo?
Si lograsemos esclarecer estos puntos, tendríamos resuelto el problema.
En las relaciones topográficas de los pueblos de Esparña, hecha de orden de Felipe II. se dice de Bargas lo siguiente: el lugar llamado antes Valdeolivas, situado en terreno enfermizo, se trasladó al sitio donde hoy está, tomando el nombre de Vargas. Se llama el lugar Vargas, porque donde está fundado tenía una casa Diego Pérez de Vargas, natural de Toledo.
Son anejos a la parroquia de dicho lugar las dehesas de Serranos, Mejorada, Darrayel y otras.
No nos engrían las ilusiones, pero tampoco nos subyuguen las flaquezas ni el pesimismo.
Brindo estas líneas al claro entendimiento de mis compañeros, para que, con sus iniciativas, pueda la Academia ver coronados sus afanes en este asunto. Los esfuerzos que empleemos irán alentados por el esparcimiento de nuestro espíritu y de nuestros sentidos, en las excursiones que hayamos de practicar, como acontece cuando se va en busca de lo desconocido. No es labor de un día: las grandes
empresas requieren perseverancia y tenacidad.
No perdamos de vista aquel sabio apotegma: "Guita cavat lapidem, non vi, sed soepe cadendo".

Teodoro de San Román